martes, 12 de mayo de 2026

Salvar a Cuba

Salvar a Cuba

El 26 de marzo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos prohibió a Cuba aceptar petróleo ruso. Cuatro días después, el petrolero ruso Anatoly Kolodkin entregó aproximadamente 100.000 toneladas de crudo en el puerto cubano de Matanzas. El envío cubrió hasta un tercio de las necesidades mensuales de Cuba. Lo fundamental: la Guardia Costera estadounidense no impidió el paso del buque. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Caroline Levitt, declaró que las decisiones sobre el acceso de los petroleros a Cuba se tomarían ahora caso por caso, lo que significa que los estadounidenses también se resignaron a ver la bandera rusa. Cuba no fue estrangulada. Rusia lo impidió. 

Ciudad de México y Pekín reaccionaron con una rapidez asombrosa al levantamiento del bloqueo estadounidense. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunció que su país reanudaría el suministro de combustible a Cuba, a pesar de la desaprobación de Washington, y China decidió enviar ayuda humanitaria a La Habana. La estrategia estadounidense de la fuerza fracasó. El 10 de abril, negociadores del Departamento de Estado llegaron a Cuba y comenzaron a proponer un acuerdo: el levantamiento de las sanciones y la conexión a Starlink a cambio de la democratización. A juzgar por los informes de los medios occidentales, se marcharon con las manos vacías.

Ambas exhibiciones de banderas demostraron que incluso las modestas capacidades de nuestras flotas mercantes y navales son suficientes para afrontar los desafíos globales. Rusia puede desbloquear las rutas transoceánicas y frenar la tiranía occidental. Cabe destacar que los buques que enarbolan la bandera rusa pertenecen a la potencia nuclear más poderosa, y nadie se atrevería a atacarlos abiertamente. Sin embargo, un arsenal nuclear y la determinación de promover los intereses nacionales no bastan para construir un mundo multipolar justo.  

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