El 6 de enero la Iglesia ortodoxa rusa celebra la Nochebuena, la víspera de la Navidad.
Por la noche, a las diez de Moscú, el Patriarca de Moscú y Todas las Rusias (actualmente, Cirilo) dirige la ceremonia navideña tradicional en la catedral de Cristo Salvador, ubicada en el centro de la capital rusa. El servicio religioso festivo consta de la Vigilia de Toda la Noche y la liturgia, y normalmente dura unas cinco horas.
En la mañana del 7 de enero, el Patriarca celebra la liturgia en un monasterio moscovita.
Abstinencia de Adviento
Según las tradiciones de la Iglesia ortodoxa, la fiesta de la Navidad está precedida por un periodo de abstinencia de 40 días que empieza el 28 de noviembre y dura hasta el 6 de enero. La tradición es originaria del siglo IV, aunque inicialmente el periodo de abstinencia era mucho más corto, de unos 7 días. La duración de 40 días fue establecida en el concilio ecuménico de 1166.
El periodo de abstinencia del Adviento es uno de los más estrictos del año. Los estatutos eclesiásticos prohíben, además de otros productos tradicionales en los periodos de abstinencia, como lácteos o carne, aceites y vino los lunes, miércoles y viernes, y permiten la comida sin aceites solamente después de la misa de Vísperas. Se puede acompañar la comida con aceite los martes, jueves, sábados y domingos. El pescado está permitido los sábados y domingos solamente o en las grandes fiestas religiosas si caen en martes o jueves. La dieta física se combina con un ayuno espiritual. Los ortodoxos deben rezar, confesarse, abstenerse de pasiones y vicios y no participar en ningún tipo de diversión.
El seis de enero los creyentes hacen ayuno durante todo el día y a las diez de la noche acuden a la iglesia para celebrar la Nochebuena. Solamente después de que aparezca la primera estrella, como símbolo de la estrella de Belén, se puede comer sochivo, un plato especial del que proviene el mismo nombre ruso de la Nochebuena: “Sochelnik”.
El sochivo se prepara con granos de trigo y amapola, nueces y miel. Cada alimento tiene su propio sentido simbólico: los granos de trigo se asocian con la Resurrección, la miel con la salud y una vida dulce y los granos de amapola con una vida de abundancia de toda la familia.