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sábado, 16 de marzo de 2019

Cómo defendieron los "niños" españoles en Leningrado.

Un cartel conmemorativo en honor de los voluntarios españoles que murieron en Karelia en 1941 y 1944, defendiendo a Leningrado, fue erigido cerca de la aldea de Syandeba en Karelia, en el complejo memorial, que aquí se llama "Alesha". Erigido en honor a los soldados de la 3ª División Frunze del Ejército de Leningrado de la Milicia Popular, en los últimos años se ha "cubierto" con entierros hechos por motores de búsqueda y nuevos signos conmemorativos.



Recordemos, los hijos de los republicanos españoles, rescatados en 1937 de las llamas de la Guerra Civil en su tierra natal, encontraron un segundo hogar en nuestro país. Cerca de quinientos niños fueron criados en Leningrado. Y cuando comenzó la Gran Guerra Patriótica, odiaron ferozmente al fascismo, los obligaron a abandonar su España natal, destruyeron a sus padres y soñaron con vengarse del enemigo.

Los niños adultos estaban ansiosos por ofrecerse como voluntarios en el frente. No se les permitió, intentaron salvar, para que luego construyeran el futuro de España sin una dictadura fascista, pero querían luchar de inmediato. ¡Y sólo tenían dieciséis o diecisiete! Casi todavía niños ... Pero muchos aún lograron su objetivo: 142 españoles se inscribieron en el ejército de Leningrado de la milicia popular, de los cuales aproximadamente 70 personas, en la 3ª división de Frunze. Más precisamente, en su tercer regimiento de rifles Vyborg, formado por voluntarios del distrito de Vyborg. Vivieron y dominaron los conceptos básicos del arte militar en el territorio del Instituto Politécnico.

Martín Peña, niño de la guerra

Hace ochenta años, los hijos de los republicanos españoles llegaron a Leningrado, quienes fueron rescatados de las llamas de la guerra civil. En junio de 1937, a principios de octubre, fueron llevados a Kronstadt casi mil niños y medio, otros mil. Todos fueron distribuidos a orfanatos en diferentes ciudades del país. Muchos permanecieron en Leningrado. Estaban fascinados por la ciudad en el Neva, pero aún extrañaban su tierra natal, soñaban con regresar a casa ...



La admisión de niños de España se convirtió en una continuación lógica de la "Operación X"; así es como el programa de asistencia técnica militar de la Unión Soviética a la España republicana se incluyó en los documentos de las comisarias populares de defensa y asuntos internos. Pero no solo nuestro país se llevó a los niños españoles entonces. Francia, Bélgica, Gran Bretaña, Suiza, Dinamarca, México actuaron de la misma manera ...
Como se señaló recientemente, hablando en TASS, el embajador de España en Rusia, Ignacio Ibáñez Rubio, fue una operación humanitaria a gran escala que reunió a muchos países del mundo. El destino de los "hijos de la guerra", como se los llamaba, y hoy es uno de los hilos que conectan a Rusia y España ...

lunes, 24 de septiembre de 2018

Homenaje a los "niños de la guerra".

Homenaje a los "niños de la guerra" en Gijón (Asturias), que aparecen en la última página de un medio de comunicación. Estos homenajes deberían de ser avisados con antelación y con publicidad para que los nietos de los "niños" pudiéramos asistir, tambien queremos honrar la memoria de nuestros abuelos.

jueves, 15 de febrero de 2018

Exposición "Niños de la guerra" en Guadalajara.





“Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los Niños de la Guerra” se articula en una serie de paneles temáticos en los que se repasan todos los aspectos relativos a la evacuación y posterior exilio de miles de niños a causa de la Guerra Civil española.
En el año 2011, gracias a la concesión de un Proyecto de Investigación financiado por el Ministerio de la Presidencia en el marco de una convocatoria de subvenciones destinadas a actividades relacionadas con las víctimas de la Guerra Civil y del Franquismo, vio la luz la exposición itinerante “Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los Niños de la Guerra”, elaborada a partir del libro “Palabras huérfanas. Los niños y la Guerra Civil”, de Verónica Sierra Blas (Taurus, 2009).


La muestra ha visitado ya 50 ciudades, algunas de ellas de Francia y el resto de España y es ahora cuando llegó a Guadalajara, donde fue inaugurada el 6 de febrero, con la particularidad de que es también la primera vez que se complementa con documentación propia de la ciudad en la que se expone.



Entre 1936 y 1939, España sufrió los efectos de una cruel guerra fratricida que acabó con miles de infancias. Los niños españoles padecieron, al igual que los adultos, las consecuencias del conflicto y fueron víctimas directas de las hostilidades. Tuvieron que hacer frente a la escasez de alimentos, a la insalubridad y a numerosas enfermedades. Vieron como la violencia y la venganza se adueñaron de las calles, que pasaron de ser espacios de juego y recreo a lugares peligrosos y prohibidos. Las sirenas y los refugios se convirtieron en su día a día debido a los constantes bombardeos que asolaron el país. Dejaron de ir a las escuelas. A muchos no les quedó más remedio que marcharse. Convencidos de que solo así podrían sobrevivir, sus padres decidieron que formaran parte de alguna de las numerosas campañas de evacuación organizadas por el Gobierno de la República. Las evacuaciones de niños al extranjero constituyeron así el primer exilio del pueblo español derivado de la Guerra Civil.

De entre todos los países que acogieron a los menores españoles, la Unión Soviética fue, sin duda, el que generó las mayores alabanzas y críticas del momento, el que más encendió las conciencias y sacudió los corazones. Los 2.895 niños que desembarcaron en los puertos de Yalta y de Leningrado entre el 21 de marzo de 1937 y finales del mes de octubre de 1938 despertaron tanto interés entonces como lo despiertan ahora, 81 años después de su partida.

El objetivo de “Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los Niños de la Guerra” es, por una parte, reconstruir la Historia de los niños españoles evacuados a la URSS entre 1937 y 1938 a través de sus propios testimonios orales y escritos, difundir y dar a conocer el exilio infantil español en la URSS, rendir homenaje a sus protagonistas y salvaguardar su memoria.

Con motivo de la celebración de la exposición en Guadalajara, el Archivo Histórico Provincial, dirigido por Rafael de Lucas, muestra parte de sus fondos para ejemplificar, a nivel local, el fenómeno de las evacuaciones infantiles que tuvieron lugar durante la Guerra Civil.

Guadalajara, situada en primera línea de frente, fue una provincia especialmente castigada por los bombardeos y el hambre durante la Guerra Civil española. El peligro en el que se encontraba la población llevó a las autoridades republicanas a evacuar a los niños de La Alcarria (comarca natural española) hacia lugares más seguros. Una vez concluida la guerra y establecido el “Nuevo Estado”, las autoridades franquistas se afanaron en hallar el paradero de todos estos niños para retornarles y/o repatriarles a Guadalajara, iniciándose así un verdadero proceso de investigación sobre ellos y sus familias del que no todos salieron indemnes.

La muestra se inauguró el 6 de febrero, en el Archivo Histórico Provincial (sito en Calle Julián Besteiro, 1 y 3), y permanecerá abierta al público hasta el 10 de abril, periodo en el que se celebrarán una serie de actividades complementarias como conferencias, recitales de música o proyección de documentales.

Via:es.rbth.com/

martes, 23 de agosto de 2016

Julio Mateu, otro niño de la guerra.



Хулио Матеу. Julio Mateu, fué un poeta español nacido en 1908, exiliado a la URSS en plena guerra civil, junto con la literatura Julio Mateu era conocido como un activista social, dirigió el centro español de la URSS. En nuestro país el poeta encontró un segundo hogar. Durante muchos años trabajó en la fábrica de automóviles Likhachev y participó en la unificación literaria del "Magistral". Fué autor de la colección "Mi España". La colección de obras del poeta español Julio Mateo incluye poemas de varios años. Murió en 1985 y está enterrado en el cementerio de Moscú Vvedenskoye.


Dionosio García, niño de la guerra en la URSS.

EN LIBRERÍAS DE MOSCÚ SE ESTÁ OFRECIENDO EN ESTE VERANO EL LIBRO TITULADO “RECUERDOS. LA VIDA DE UN ESPAÑOL EN RUSIA”. SU AUTOR ES DIONISIO GARCÍA, REPRESENTANTE DE LA GENERACIÓN DE “LOS NIÑOS DE LA GUERRA CIVIL”, QUE EN SUS DÍAS FUERON EVACUADOS DESDE ESPAÑA EN 1937 A 1939.

Aquella determinación fue tomada por sus padres, en un intento por salvaguardar a sus hijos de los bombardeos masivos, que matizaban entonces los combates de las tropas franquistas con el ejército republicano, En años contados, desde España emigraron mas de treinta y cuatro mil niños, de los que a la URSS llegaron unos tres mil. Entre ellos figuraba Dionisio, a la sazón de diez años, hijo de una dinastía de mineros asturianos de una aldea montañosa de las afueras de Oviedo. Hoy día es una figura conocida en Moscú: grabador en piedras, pintor de iconos, restaurador, traductor y filósofo. En su libro habla justamente de su vida en Rusia:
–Este libro surgió de muchos apuntes que yo hacía durante toda la vida de cosas que pasaban, de lo que hablaban mis amigos. No tenía en cuenta hacer un libro, eran apuntes para mi memoria. Hablando mejor, mis amigos me dijeron que escribiese este libro, porque a mí me gusta contar mis historias. Soy un tipo que siempre está contando algo, y alrededor se ajunta la gente y yo estoy hablando. Y entonces escogí los apuntes y, poco a poco, añadiendo las cosas, escribí este libro que tiene mucha fama. Puedo decirlo porque los que lo leen les gusta mucho.


No es difícil adivinar por qué es tan cotizado. Su autor departe con un lenguaje animado y rico recuerdos sobre el orfanato de las afueras de Moscú, donde vivían y estudiaban los niños refugiados de España. Dionisio siguió estudios en una Escuela de Artesanía de Moscú, donde aprendió a la perfección el trabajo artístico en piedra. Moviéndose en el medio artístico se hizo de sus mejores amigos, entre los que sobresalen figuras de renombre, tales como el director Andrei Tarkovski, el escritor y director Vasili Shukshín, el pintor Ilya Glazunov. Dionisio define a los amigos la riqueza principal de su vida, razón por la que, cuando tuvo la posibilidad de retornar a la patria prefirió quedarse en Rusia:
–Hubo tiempo que no nos dejaban ir, porque Francisco Franco y comunistas eran enemigos mortales. Pero después de la muerte del generalísimo otro nuevo gobierno español empezó a invitar a venir a los chicos, y entonces se fueron casi todos. En Rusia han quedado aproximadamente unos trescientos de nosotros. Gran parte de esos trescientos también fueron a España, pero por diferentes razones no les gustó la vida de allí y volvieron. Unos estaban casados con una mujer rusa y tenían ya los hijos, otros estaban muy acostumbrados a la vida en Rusia. Yo fue uno de los que regresaron aquí porque estoy muy arraigado hacia Rusia. Los rusos tienen muchas cosas buenas, por ejemplo, una hermandad especial, que todos son amigos, todos son “suyos”. Yo me acuerdo un ruso típico: cerca de mi casa hay un almacén con un escaño de al lado. Un día por la tarde me senté en aquel escaño y al mismo tiempo del almacén sale un ruso que, antes de sentarse, me dio la mano como un amigo. El cielo estaba tachonado de estrellas y entonces le dije: «Mira, ¡qué hermoso! Qué te parece, ¿qué es esto?». Y él dijo en ruso, mirando allí: «No es asunto nuestro».


A propósito, la esposa del “español soviético”, como a menudo definían a estos niños en Rusia, es rusa, con la que tuvo dos hijos que son su orgullo. Antón, es un conocido compositor de la TV en círculos profesionales, y su hija Anna es pintora gráfica. En el hogar sobresale el retrato del progenitor creado cariñosamente por la hija.
Volviendo a su libro nos habla del descubrimiento principal que hizo mientras lo escribía:
–Cuando escribía mi libro, tenía muchas cosas que recordar: personas, acontecimientos, lugares… Por eso digo que fue como si viviese la segunda vida.
El episodio mas memorable de su vida fue el reencuentro con la autora de sus días tras una pausa de sesenta años. Dioniso recordará sus primeras palabras toda la vida: “Ah, Dionisio, hace tanto tiempo que quería verte”.
Ahora es casi imposible encontrar esta obra en las librerías, pues fue agotado en semanas contadas. De ahí que su autor, Dionisio García Sapiko, planea reeditar los “Recuerdos, la vida de un español”, en una tirada de mil ejemplares, que sin duda tendrán la misma suerte que su primera edición.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Hoy se cumplen 78 años de su partida

23 DE SEPTIEMBRE DE 1937
Hoy se cumplen 78 años de la partida del Musel de los "niños de la guerra" a la Unión Soviética.


Este 23 de septiembre se marca en rojo en el calendario eterno de los "niños de la guerra" que partieron del Musel  en 1937. Año tras año, la Asociación Lázaro Cárdenas rinde homenaje a aquellas criaturas víctimas de la barbarie,  y a quienes la vida y la solidaridad del pueblo ruso les brindó una segunda oportunidad.

Nuevamente en la playa del Arbeyal junto a la estatua de Vicente Moreira, el próximo sábado a las doce del mediodía, se recordará a aquellos niños, de los cuales muchos no volvieron, algunos como Araceli Ruiz, presidenta de la Asociación Asturiana de Niños de la Guerra ha podido superar los noventa años con la memoria intacta y el recuerdo nítido  de aquellos terribles momentos. Hace algunos días en una entrevista publicada en el diario Público revivía su partida: “Mi padre quedó en la cárcel. Mi madre, madre de seis hijas, se moría de pena cuando las bombas comenzaron a caer sobre Gijón. Ella quería darnos una vida mejor y, cuando se enteró de que la URSS iba a acoger a 3.000 niños españoles, no lo dudó y nos apuntó”.

lunes, 25 de marzo de 2013

Niños de la guerra en Moscú

El Centro Español de Moscú, sede cultural y punto de encuentro de los más de 3.000 menores que partieron hacia Rusia entre 1937 y 1939, debe pagar 9.000 euros antes de abril para evitar el cierre tras perder las ayudas económicas del Estado español. “El Centro es como nuestra madre”, señala Mansilla, presidente de la institución


La mayoría llegaron en barco a Leningrado en el verano 1937. Eran alrededor de 3.000 niños entre 2 y 16 años. El viaje a la Unión Soviética no debía ser para ellos más que unas breves vacaciones para escapar de la Guerra Civil española, tal y como les contaron sus padres. Salieron, principalmente, de Euskadi, Asturias y Valencia. Las 'vacaciones', sin embargo, se prolongaron un mínimo de dos décadas más de lo esperado. Algunos nunca regresaron y crearon una nueva vida en la URSS. Ahora, los cerca de 120 'niños de la guerra' que permanecen en Rusia deben afrontar un pago de 9.000 euros para evitar el cierre del Centro Español de Moscú, punto de encuentro desde 1965 de estas ya octogenarias víctimas de la Guerra. El Estado español que retiró las ayudas en 2010, de momento, no responde.


“Si nos quitan el centro desaparecemos de la faz de Rusia. Es como nuestra madre”, explica Francisco Mansilla, presidente del centro, a Público.

La comunidad española de 'niños de la guerra' fue la única familia para la mayoría de ellos y el Centro Español de Moscú, antigua sede del PCE reconvertida en centro cultural en 1965, su último suelo patrio. El único rincón de toda la Unión Soviética donde el español era la lengua oficial, el flamenco la música por excelencia y el dominó el juego de la sobremesa. Desde su apertura, miles de personas han acudido allí para aprender castellano, conocer a la comunidad española o cursar clases de bailes folclóricos. El Centro Español es una casa para ellos, pero también es una porción de España para todo visitante.

La crisis económica y el paso del tiempo, sin embargo, han acentuado el olvido de las instituciones del Estado español, que han denegado al Centro Español de Moscú toda subvención. "Se olvidaron de nosotros durante 40 años. Después hicieron el amago de hacernos caso. Ahora, parece que nos dejarán morir en el olvido", se lamenta Vicente, que se pregunta si España pedirá perdón alguna vez por “romper” sus familias.

El naufragio económico llegó en 2010 cuando el Imserso denegó la subvención solicitada por el Centro Español. Desde entonces, el Centro está siendo financiando con las exiguas pensiones de 'los niños de la guerra', pero la dinero ya no da para más. En 2012, el lehendakari Patxi López se comprometió a una partida de emergencia de 10.000 € que, finalmente, quedó sin tramitar. Con el cambio de Gobierno en Euskadi, los 'niños de la guerra' solicitaron ayuda al PNV, que les ha recomendado volver a iniciar los trámites legales. Por su parte, el Partido Popular no sabe, no responde.


El tiempo, sin embargo, juega en su contra. En abril, el Centro Español debe abonar el alquiler de un nuevo trimestre, alrededor de 9.000 euros contando los gastos generales de luz, teléfono y mantenimiento. De lo contrario, no tendrá más alternativa que echar el cierre al local y con él una parte fundamental de la memoria de España.

Sin billete de vuelta
La larga travesía hacia el olvido de estos españoles en perpetuo exilio comenzó en 1937. Los más de 3.000 menores que llegaron a Rusia huyendo de la Guerra Civil fueron alojados en las llamadas 'Casas de niños españoles', residencias donde recibían educación y alimentos. La Unión Soviética procuró una carrera universitaria al que deseara estudiar y un oficio industrial a los que preferían trabajar desde temprano. A pesar de las circunstancias, muchos de ellos reconocen haber sido unos privilegiados por el trato recibido de las autoridades soviéticas, sobre todo si se comparan con los derechos del pueblo ruso.


Sin embargo, la tragedia iba por dentro: su vida era un exilio sin retorno. En España, sus padres dieron por muertos a muchos de ellos y en la URSS los niños crecían olvidando por segundos el rostro de la madre que los despidió llorando en un puerto bajo el estruendo de las bombas. En su memoria se entremezclan las imágenes de destrucción, hambre, bombas incendiarias y eternos viajes de huida en barco y tren.

Han vivido la Guerra Civil cuando aún eran demasiado pequeños para entender qué estaba ocurriendo, pero también padecieron el horror de la II Guerra Mundial. Muchos de ellos, a pesar de su corta edad, tuvieron que trabajar en la construcción de aviones y armamento militar en la Unión Soviética. Se trataba de derrocar al fascismo, y la victoria de la URSS también les acercaría a su victoria personal: regresar a casa junto a papá y a mamá.

La guerra finalizó, pero su victoria no llegó y tuvieron que permanecer en 'el país del proletariado' hasta, como mínimo, la década de los 50 y 60.



Francisco Mansilla. 87 años. Moscú
Francisco Mansilla es el presidente del Centro Español de Moscú. Su vida está ligada a la ciudad rusa desde los 11 años hasta el final de sus días, asegura. Ya no volverá a España. “Estoy mayor para aviones y la edad no se cura”. A pesar de ello, mantiene un perfecto castellano sin acento. Se muestra orgulloso de ello. “No nos paso como a los exiliados franceses que hablan un español raro”, bromea Mansilla que asegura que la razón de conservarlo es el Centro Español de Moscú.  "El centro es el principal artífice de que los españoles hayamos sobrevivido todos juntos. Aquí tenemos nuestras reuniones, bailes, fiestas, etc. El centro es como nuestra madre. Sin él nos perdemos. Seríamos islas dentro de Rusia”, afirma.

La vida de Mansilla refleja la dureza de una época en la que comer a diario era cosa de clases sociales. Con 10 años fue internado en un centro de menores en Madrid. Era el mayor de cinco hermanos y su familia no podía alimentarlos a todos. Su madre tuvo que elegir y Francisco era el mayor. No obstante, en el centro de Madrid estuvo apenas unos meses. En octubre de 1936 el ejército de Franco se aproximaba a Madrid y los niños fueron trasladados a Gandía (Valencia), donde Francisco guarda uno de sus mejores recuerdos de la infancia: la guerra de naranjas con el resto de niños. Allí, “un señor ruso” preguntó quién quería ir a la Unión Soviética. Él levantó la mano. “Francisco, te vas al paraíso del proletariado”, le decía su padre. “Lo que él no sabía es que aquello era el infierno del proletariado”, asegura.

Mansilla sólo ha regresado a España como turista. En la Unión Soviética terminó sus estudios como Ingeniero agrónomo, se casó con una mujer rusa  y tuvo un hijo, que también vive en Moscú. Cuando pudo regresar a España en 1956 sus suegros enfermaron de gravedad y decidió quedarse allí para cuidar de ellos. “En Rusia, siendo extranjero, mucha gente pensaba que eras agente de la CIA. Ellos me ayudaron enormemente y cuando enfermaron yo no podía olvidar lo que habían hecho por mi. Era un crimen marcharme”, asegura.


Araceli Ruiz. 88 años. Gijón.
La vida de Araceli podría protagonizar cualquier película de Hollywood. La recita de carrerilla. Con fechas, calles y compañeros de batalla. Cuando apenas tenía 15 años recorrió media Unión Soviética huyendo de la guerra, se licenció por partida doble como ingeniera técnica de Construcción de Puentes y Carreteras y licenciada en Economía y trabajó como soldadora de aviones soviéticos durante la guerra; como capataz de un batallón encargado de reconstruir la Plaza Roja y alrededores; como traductora de soldados soviéticos en Cuba durante cinco años (1961-1966) donde conoció a los Castro y al Che Guevara; en el ministerio de Economía soviético y en el Comité Estatal de Radio y Televisión donde transmitían para America Latina.

En 1980, regresó a España junto a sus dos hijas. Tenía 56 años. Poco le sirvieron entonces sus dos carreras y su dilatada experiencia profesional. El único trabajo que pudo ejercer fue de empleada de hogar. “Se juntaron dos factores: era mujer y mi experiencia académica y profesional era soviética. No me querían en ningún lado”, asegura. Su vida, dice, ha sido una continúa lucha. “No me han dejado otra salida. Ahora con 88 años me gustaría descansar pero tengo que seguir luchando por mis nietos y por el Centro Español de Moscú”, confiesa. La batalla de Araceli arrancó en septiembre de 1937 cuando con 13 años embarcó en un navio de carga francés junto a sus cuatro hermanas y más de 1.000 niños asturianos con destino a Leningrado. La acogida -recuerda- fue fantástica. “Nos recibió casi todo el pueblo. Había banderas de la República y pancartas que decían: "Bienvenidos niños del heroico pueblo español”, rememora.


En Rusia conoció a su marido, también asturiano, quien falleció en 1975, meses antes de la muerte de Franco. “Cuando estaba ingresado en el hospital ya muy malito él se preguntaba si viviría lo suficiente para ver la muerte de Franco. No le dio tiempo”, se lamenta Araceli. No fue hasta 1964 cuando se reencontró con sus padres en Cuba y gracias a la intermediación del entonces ministro de Industria, Ernesto Guevara, el 'Che'. Hasta entonces, el único contacto que había mantenido era a través de cartas que viajaban de Moscú a Brasil, después a Argentina y a España. La hermana de Araceli, Cocha, trabajaba en aquel entonces en el ministerio en La Habana . Guevara, sorprendido por su origen español, le preguntó por su historia. “Galleguita, ¿qué hacés acá?, le preguntó.

Conmocionado tras conocer la historia de la familia de Araceli, Guevara movió los papeles pertinentes para permitir que los padres de Araceli viajaran a la isla durante cuatro meses. “Guevara era una persona magnífica. La mejor de todas. Fidel (Castro) es un grandísimo orador y desprendía carisma. Sin embargo, Raúl (Castro) era mucho más serio y reacio a toda relación”, recuerda. Su vida, asegura, ha estado guiada por un refrán ruso: 'Debajo de una piedra asentada no pasa el agua. Hay que levantar la piedra, dice el refrán. Mi vida ha sido un continuo levantar piedras”, concluye.


Manuel Arce. 84 años. Madrid
Manuel Arce es cirujano especialista en neurorradiología. Desde su señorial casa en Paseo de la Castellana recuerda cómo su madre, sola al cargo de tres niños mientras su marido batallaba en la guerra, había oído que se estaba preparando una expedición de niños a la Unión Soviética “para tres o cuatro meses”, hasta que terminara la guerra. “Nadie, ninguna madre pudo imaginar jamás que la separación iba a durar 20, 30 años o más, o que, en el peor de los casos, no iba a ver a sus hijos jamás”, asegura. En su caso, la separación duró dos décadas.

Manuel viajó en el mismo barco que Araceli, el 'Habana', embarcación que fue perseguida por el buque de la armada franquista 'Almirante Cervera' hasta que consiguió llegar a aguas internacionales. Allí los recogió el 'Sontay', un buque mercante con tripulación rusa y china. El 22 de junio de 1937 llegaron Leningrado. Justo cuatro años después, comenzaría la II Guerra Mundial. Manuel recuerda su estancia en la Casa de niños nº 5 en Óbnisnkoye y los ensayos de alarmas aéreas para preparar a los menores ante posibles ataques aéreos.

“Estas alarmas aéreas fueron como un juego hasta que un día nos bombardearon de verdad. La primera bomba que cayó cerca del bloque donde vivíamos me pilló durmiendo en mi cama, ya que aquel día no hice caso de la alarma pensando que era un ensayo más”, recuerda. La guerra, como para el resto de niños, fue para Manuel un éxodo continuo. Desde Óbnisnkoye a Básel, Alexéyevka y Orlovskóye en la región de Sarátov en el Volga, y finalmente a Najábino, nuevamente cerca de Moscú. Pero no fue en la guerra donde sufrió su mayor accidente. En 1943, de camino al trabajo el tranvía en el que viajaba descarriló y perdió las dos piernas.

Su vida, como la de otros tantos, transcurrió de casa en casa de niños españoles hasta la edad de estudiar. Primero fue técnico de radio y después ingresó en la Universidad de Medicina. En 1956, cuando estaba en tercer curso, se permitió el regreso por cupos de los 'niños de la guerra'. Manuel regresó en la tercera expedición. Pero no tardó en retornar. Apenas un año después y burlando los controles fronterizos volvió a Rusia para finalizar la carrera de medicina y especializarse en neurorradiología.

Finalmente, el 1 de marzo de 1966 regresó a España donde solamente había dos médicos de su especialidad. Trabajó para el Hospital La Paz, se licenció en Odontología y abrió una empresa para la comercialización de productos en Rusia. No obstante, la actividad más preciada fue la creación de la 'Fundación Nostalgia', de la que es presidente y mediante la cual consiguió una pensión para los 'niños de la guerra' que aún permanecen en Rusia y un viaje gratis al año a España con el Imserso (privilegio que también han perdido).

Vicente Ramos

A sus 82 años, Vicente Ramos (el segundo comenzando por la derecha) sigue recordando a diario la figura de su padre, minero del valle de Somorrostro, y de su madre. De hecho, su fotografía preside el salón de su casa en Basauri (Euskadi). La primera vez que les vio, “con pleno uso de razón”, fue en 1957 cuando Vicente ya había cumplido los 26 años. Fue en un hostal de Hendaya que regentaba Dolores, una mujer española. Apenas pasaron dos semanas juntos. Allí pudo conocer a dos hermanos que nacieron después de su partida. El hermano que partió con él hacia la Unión Soviética murió durante la II Guerra Mundial.

Vicente tenía seis años recién cumplidos cuando embarcó en el 'Habana' con destino a Leningrado. Del largo viaje apenas recuerda algunas escenas como los interminables juegos con el resto de chavales de la expedición. Vicente, afirma, no era consciente de la tragedia que estaba viviendo su familia en ese momento. Vivía tranquilo porque su hermano le protegía. Poco tiempo después, cuando él tenía 10 años, su hermano murió y, entonces, se hizo mayor de repente. Estaba solo en la Unión Soviética.

En el país socialista Vicente finalizó sus estudios como ingeniero agrónomo, primero, e ingeniero de Obras Públicas, después. Mientras habla en un perfecto español se escucha una voz femenina inteligible de fondo. Vicente responde en ruso. “Es mi mujer. En casa siempre hemos hablado en ruso ya sea aquí o en Rusia”, asegura. Con ella, Vicente ha tenido dos hijos. El mayor vive en Catalunya, la pequeña sigue en Rusia donde ha formado familia. “Esta es la tragedia de mi familia. Siempre hemos estado divididos”, reconoce.

Vicente retornó definitivamente a España en la década de los 90. Antes, en los 60, lo intentó junto a su mujer, embarazada de su hija, y con su hijo siendo un niño. “Fue imposible adaptarse”, reconoce. “Las diferencias culturales eran casi insalvables. Más allá de que no reconocían mis estudios, la vida era muy diferente. Simplemente un detalle sirve para explicarlo. A mis padres tenía que llamarlos de usted. En la Unión Soviética ya no se llevaba eso”, señala.

Fuente: publico.es







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